Ciclismo

Crónica de la Transcontinetal, por Carlos Mazón

Hace un tiempo os explicamos que nuestro embajador, Carlos Mazón, participaría en la Transcontinental Race, la mítica prueba que cruza Europa en 3.744km y sumando un desnivel positivo de 48.000m. Hoy nos trae una primera parte de su crónica y, confesamos, nos ha puesto la piel de gallina más de una vez. Sabemos que una carrera tan larga de autosuficiencia es durísima, pero, sinceramente, antes de leer este relato, había cosas que no podíamos imaginar. Enhorabuena, Carlos, después de leer esto vemos que tu increíble 3er puesto es sólo un extra, porque terminarla ya es una heroicidad.

Día 1: 645kms 4860m 16.800kcal

“La Transcontinental comienza el 29 de Julio en Geraardsbergen a las 22.00h, hora en la que más de 200 ciclistas tomamos parte de una carrera de 3.800 kms a través de Europa. Es un día de incertidumbre, se palpa en el ambiente el nerviosismo entre los corredores que nos vamos arremolinando en torno a la salida.Transcontinental

Salida. Tengo por delante 3.734 kms y 48.000 m.+ por delante. Aún no lo sé, pero tardaré 9 días 22 horas y 51 min. Tras un pequeño rodeo por Geraardsbergen toca la subida a Kapelmuur. Pensaba que la salida oficial se haría arriba, pero enseguida me doy cuenta de que se ha se ha dado, porque el grupo se estira. Iba relajado pensando en la estrategia, y en la ruta, en que me tocará confiar plenamente en mi track grabado en el Anima+, cuando entró en pánico. No lo dudo y arranco fuerte por el empedrado del Muur. Los de adelante han abierto hueco. No me parece razonable este esfuerzo a 240h vista, pero no me queda otro remedio. Aun así no abuso, pero el corazón se pone a mil por hora de todas formas, quizá por la rabia de no haber estado atento, o quizás por las ganas.

Corono despidiéndome a duras penas de mis amigos que me observan en las orillas de la carretera como tantos otros que se han acercado a ver el espectáculo. El ambiente es inmejorable.

Nada más coronar hay una pequeña bajada que me conozco bien por lo que ni toco el freno y sigo recuperando plazas. A la salida a la carretera, muchos andan con dudas, alguno gira a la derecha la mayoría vamos a la izquierda, alguno que se queda a mirar el GPS o a esperar a algún compañero. Primeros momentos de caos. Tengo claro que hay que seguir, que será una noche muy larga.

Mi estrategia es seguir hasta el Punto de Control 1 (CP 1). Hay 640kms y sería ideal hacerlos en 24h. Incluso podría avanzar un poco más antes de hacer noche. Rodaré sobre 32kms/h de media las primeras 3-4h, luego el terreno empieza a ser más quebrado y la media bajará.

Sobre las 3 y media de la mañana me quedo sin agua, y eso que salí con 2.5l. Voy mirando por las calles y plazas, pero nada. Empezamos bien, pienso. Al poco veo un chalet en el que están de fiesta, y no dudo en llamar al timbre con dos bidones en la mano. No oyen el timbre, pero la puerta está abierta; allá que voy. “No es América, no saldrá nadie con un rifle”, pienso con cierta sorna acordándome de la TransAm. Entro a la cocina y sale el chaval al cargo de la casa, bastante sorprendido. Tras una corta charla, nos hacemos un selfie y, ¡a seguir el camino!

Al alba, me empieza a entrar el sueño y, más por rutina que por otra cosa, decido tumbarme 10 min en una parada de autobús. Estas siestas son las más ricas. Mi intención es evitar los primeros rayos de sol, el momento más duro para mí, y encontrar el equilibrio entre parar muy poco y dormir lo suficiente. Este tipo decisiones son complicadas.

Nada más tumbarme oigo el sonido del cassete de un ciclista, el pulso sube. Un minuto antes de que suene la alarma, otro corredor que pasa. ¿¡Por qué!? Aún me quedaban unos segundos… Suspiro y, ¡al lío! Me ha venido bien el parón. Sé  que no voy el primero, pero estoy contento porque mi ritmo es bueno. No soy rápido, pero la distancia juega a mi favor.

La luz del día permite ver el campo lleno de colinas, quebrado, con molinos, sembrados y pequeños bosques.

Ahora, mirando el plano y el recorrido de los rivales, se ven generales más llanas y que resultan ser más rápidas pese a tener más kilómetros. A veces es complicado elegir la mejor ruta, elegir entre seguridad/tranquilidad/belleza o velocidad/aburrimiento/tráfico, suelen ir en ese combinado.

Transcontinental

El día se hace largo, y es que ya son muchas horas. Pasado el medio día me voy encontrando con más corredores a los que los paso con entusiasmo. Entre ellos, a Josh Ibbett,  en un pequeño repecho donde le vería poner pie a tierra. Por lo visto allí mismo dijo adiós. Es agradable y estimulante ir encontrándose con corredores, te mantiene “despierto” y el nivel de adrenalina alto. La tarde se hace larga, pero ver que voy entre los 10 primeros anima.

Ceno en Moulins, preciosa ciudad por cierto. Una pizza que me servirían en 5min, una gozada, lo justo para lavarme la cara y preparar las cosa para la noche. Me como la mitad y me llevo un trozo para luego.

Nada más salir me encuentro con otro corredor, Nelson Trees, callejeamos juntos y, nada más salir, voy abriendo hueco con la propia inercia del rodar. El trecho hasta Clermon-Ferrand que se me haría muy largo. Además, frente a mi tendría una gran tormenta que me acompañaría y mantendría entretenido contando segundos, mirando cómo evoluciona y pensando si me mojaría o no mientras cae la noche. Los últimos rayos de sol iluminan una gran masa oscura que no deja de escupir rayos. En cuanto me doy cuenta estoy rodando de noche y sobre suelo mojado, lo camiones me rocían de agua pulverizada al pasar.

La lógica pide parar. Bjorn Lenhard descansa allí, en una parada de bus. Es muy tentador, pero “aún pronto” dentro de mi estricto horario. No hago más que pensar que los de adelante se tienen que estar mojando. Yo tengo la esperanza de librarme, parece que la tormenta va hacia el este, y ya está pasando. Mientras se pueda sobrellevar el agua seguiré.

Llego al CP1 en 7º posición, apenas unos minutos antes de la media noche. Con la mente cansada y la fatiga de los 640kms, cojo una habitación para lavar  y secar la ropa. En el hotel no tienen periódicos para secar los zapatos, ni cena, ni nada para comer. Llevaba el trozo de pizza, que ceno por segunda vez antes de acostarme, tras casi 1 hora entre lavar y poner a secar todo (con ayuda del secador).

Día 2: 472 kms 4.520m 9.800 kcal

¡Me he dormido! No me desperté a las 5.30, como previsto, sino pasadas las 7.15. ¡Un drama! No me sabe del todo mal, porque necesitaba el descanso y en parte amortizar el hotel, así que trato de mantener la calma. Desayuno una lata de arroz y alguna barrita y me pongo a subir el Col de Ceyssat.Transcontinental

Con algo de rabia y las piernas pesadas comienzo la subida, me cuesta calentar. ¡Con las prisas ni he rellenado los bidones! Por suerte en una de las plazas hay una fuente en la que coger agua. El tramo final lo subo con más gracia.

La bajada es rápida y bajo el agua. Llega hasta Riom, donde paro a desayunar “en condiciones”. En la “boulangerie” compro croissants de 4 en 4, uno para el momento y el resto para los bolsillos. Me como el segundo nada más arrancar. A partir de aquí mantengo buen ritmo y prácticamente hago la mañana sin paradas.

Adelanto a Neil, que me sacaba más de 1h de ventaja. Me vuelve a coger más adelante, en Choralles, cuando desespero para que en un bar me sirvan un sándwich de jamón y queso por el cual tengo que esperar más de 40 min. ¡Una vergüenza! Y eso que otros clientes me ayudan a explicar a la camarera que estoy de carrera. Me comí ya el sándwich por el camino.

Parado no se descansa lo suficiente, es “innecesario”,  tiempo que hay que tratar de evitar en este tipo de prueba. Hay que procurar aprovechar las paradas para dormir que es como de verdad se descansa y regenera el cuerpo.

Mi objetivo para hoy es llegar a Berna. Sobre el papel debería llegar a la 1.30, pero con los varios retrasos mi nuevo objetivo es llegar hacia las 4. Sigo a buen ritmo sin ninguna parada, ni para lavarme los dientes, ni para descansar los pies.

Transcontinentaltrans6

En mi ruta dirección  Suiza atravieso un pequeño macizo coronado por un vello pueblo en el alto. Chateu-Cahlón. Empiezo a tener hambre y no encuentro un restaurante. En Mantrond donde pensaba cenar, no hay nada abierto. Toca seguir y mirando el mapa no parece que haya nada más en muchos kilómetros así que fuerzo un desvío a Campagnole (haciendo unos 4-5 km de más). Como regalo me encuentro un Mc Donals. Comida rápida y fácil de llevar. Me cojo 1 menú, 3 hamburguesas más y una ración extra de patatas. Los camareros flipan. 40€ de cena, a gusto.

Continuo ya de noche camino a Berna. La noche es fría, 13ºC y bajando, me paro a poner las perneras y el chaleco, hay que evitar cualquier riesgo de lesión.

A las 4 llego a Barna, la noche es muy húmeda. Me quedo en el hall de una empresa (el lunes es festivo en Suiza), así que pienso que no es mala opción, pero nada más asentarme se encienden las luces. Nadie aparece, pero veo que hay cámaras. Me traslado al parking que está al lado, con cubierta y protegido por un muro. Al de un buen rato se encienden otras luces auxiliares del parking. Ya me da igual, si quiere venir el de seguridad, que se moleste en acercarse y hablar.

Día 3: 236 kms 4.610m 7.500 kcal

A las 6.00 me despierto, apenas 2 horas de sueño, con lo que he reducido las 4.5h que tenía pensado hacer cada noche (a posteriori vi que fue una mala opción “forzar las paradas” o recortar las horas de sueño para recuperar terreno perdido). A las 6.30 estoy rodando tras comerme la segunda hamburguesa para desayunar. Mañana fresca, ciudad muerta, la cruzo sin apenas ver un alma.

Pese a ser festivo me encuentro un ultramarinos abierto, así que supone parada casi obligada. La obsesión de hoy es no quedarme sin comida. Hago acopio de plátanos, un par de manzanas y chocolate; barritas aún llevo. Sigo dirección al CP2, disfrutando de las vistas de Interlaken.

Aún ahora no sé muy bien porque, antes de acceder al CP2 me meto por una carretera secundaria que acaba siendo de tierra unos 3-4 kms antes de retomar la carretera. Pienso que si hice pasar el track por ahí es porque la general está prohibida, pero no parece ser así. ¿Error? No lo sé si no sabré, es lo que tiene autogestionarse la ruta y el no conocer las carreteras. Hay que seguir meticulosamente el track, ya que es todo lo que sé y todo lo que tengo, aunque esté atento a la carretera por si hay algún extra en forma de prohibición o de indicación para ciclistas.

Transcontinental

Antes de llegar al hotel del CP2 llamo para reservar un picknick, y pedir un bocadillo de tortilla francesa, tengo un antojo. Al llegar, tras sellar la “brevet card”, pregunto por mi picknik y, sorpresa, me tenían preparado una especie de desayuno, con leche, melón y bollos, ¡y mi tortilla! Pedí que me envolvieran para llevar. Lo mejor de todo es que me cobraron súper poco. Aprendida la lección: si se puede, llamar para reservar la comida y ganar tiempo.

Salir con la tripa llena por las duras rampas del Groβe Scheideg y con lluvia no es del todo grato. No acabo de encontrar el golpe de pedal y la subida se me hace muy dura. Me da la sensación de ir sin cadencia y de llevar las piernas agarrotadas, las rampas andarán sobre el 12% de media, con tramos al 15-17% fácilmente. No quiero perder tiempo pero me veo vacío de fuerzas. Tengo que parar un par de veces a oxigenar las piernas. Me resulta complicado asimilar porque no ando fino, pero es lo que hay (recortar dos horas y pico de sueño y descanso no es gratis).

La bajada es estrecha y botosa, con el suelo mojado y una línea de autobuses subiendo y bajando (parece increíble que quepa un autobús por allí). Bajo con bastante tensión que se va a cumulando en los brazos y en las manos, manos que no dejan de apretar el freno.

En el cruce con la general una gasolinera me sirve de refugio para descansar. Necesito recuperarme unos minutos. Creo que es de los momentos más duros de la carrera. Verme sin fuerzas, rodando a velocidades muy bajas durante mucho tiempo, por debajo de lo que debería ser.

Conforme se va ganando altura, pese a que la pendiente sea incluso mayor voy recuperando el ánimo. Las vistas mejoran y todo parece volver a rodar. Habré perdido en torno a hora y media en dos paradas respecto a lo que sería normal. Tampoco me ha cogido nadie, así que supongo que  los kilómetros nos están pasando factura a todos.

Transcontinetal

Nada más coronar un fuerte viento que dificulta trazar las primeras herraduras. Cuesta mantener la concentración frente a semejantes paisajes. Es tiempo de hacer fotos y ponerse nostálgico recordando cómo en 2011 descendí por el Furkapass. El Furkapass es mucho más constante y se me hace más llevadero. No voy del todo fino pero subo a gusto. La bajada es eterna. Da hasta vértigo ver como se continúa descendiendo curva tras curva en algunos tramos con bastante pendiente. Camino de Andermatt me vuelvo a encontrar flojo, entumecido por el frío de la  bajada algo pese a ir bien protegido.

Es un poco pronto para cenar, prefiero usar la cena para evitarme la puesta de sol. Pero es el último pueblo grande en muchos kilómetros y un italiano llama a la puerta de mi estómago hambriento de pasta. Pasta y cerveza. Me entra mejor la cerveza que la pasta, que parece no acabar de asentar. Me tomo casi una hora para comer. No sé por qué me da la sensación de no estar asimilando la comida, así que tomarme un tiempo para reposar me parece sensato. Se hace duro, tener la sensación de ir vacío de comer y no acabar de recuperar. No llega a ser una pájara como tal, pero desde luego que no es tan bonito como decir que me tomo un gel y los músculos recobran su energía.

Sigo cuesta arriba, camino de Oberal Pass. Me entretengo contando los metros horas que asciendo. Arriba, un faro con luz roja ilumina un alargado lago flanqueado por montañas. Me vuelvo a abrigar bien y continúo cuesta abajo. Tras unos 10 kms de fuerte bajada, la carretera continúa siempre picando para abajo al menos los siguientes 60 kms. ¡A disfrutar! En Ilnz haré noche pasadas las 12 y media de la noche.

Día 4: 345 kms 6.040m 11.800 kcal

Duermo en el porche de un supermercado. Pese a desvelarme con la visita de un par de repartidores de madrugada, descanso bien. No hace frío ni hay mucha humedad. Duermo hasta las 5.

Antes de que amanezca ya estoy en la bici (5.45), abrigado (quizá más de la cuenta) en espera de que con el aire y la ropa húmeda por el sudor del día anterior no me hagan quedarme frío. La salida es en ligera subida por lo que se rueda a gusto. Esta es una etapa de transición en busca de los Dolomitas. Mi intención es hacer noche en Alleghe CP-3. Para ello tendré que empezar atacando el Abula Pass, más de 30 kms de subi con uno 1100m de desnivel en 17kms y  920m en los últimos 13.

El comienzo es quebrado, remontando un valle, con sus descansillos. En los ultimos 9 solo hay un descanso claro a la altura de un lago. En general es bastante constante, en torno al 8%-9%. Para mi desarrollo (34×32) es el límite de pendiente para llevar una cadencia cómoda y poder jugar con las diferentes coronas. Más de eso toca apretar el culo o disminuir la cadencia lo que al final acaba suponiendo desgaste. Por suerte, en el tramo más duro me encuentro con un cicloturista que me serviría de referencia para mantener el ritmo.

El collado es una especie de altiplano con un par de kilómetros prácticamente llanos antes de comenzar el descenso. La bajada es muy rápida, llego a coger los 80kms/h. Continúo 20kms valle abajo dirección Zernez, donde paro comer y me encuentro con Björn Lenhard.

Transcontinetal

El perfil continúa descendente hasta Merano. Prácticamente 100 kms siempre picando para abajo. Conforme se desciende por el valle la temperatura aumenta,  ya cerca de Merano los 18ºC se convierten en 32ºC la sensación es de bochorno.

A unos 35 kms de Merano aparece el primero de varios túneles con señal de prohibición para bicicletas. Tocará tomar varios rodeos por la carretera antigua que atraviesa las comarcas para evitar atravesar los túneles. La densidad de tráfico de la general es insufrible, con camiones y sin arcén.

De Merano a Bolzano otro tramo llano, por una carretera más secundaria y prácticementa llana. Aquí me desviaré al norte, en busca de La marmolada y el Paso Val Gardena, tratando de ahorrar algún metro de desnivel o carreteras muy sinuosas y secundarias.

En Babiano comienza la subida a Val Gardena: 1500m en 35kms de subida. Pasado un primer tramo duro, en Ullrich paro a cenar. Dos pizzas y un plato de pasta. No podría con la segunda pizza que me meto como puedo en la mochila para tener para luego. Pararé a las 2 de la mañana o 2.30 y retomaré a las 6-6.30  con energías para la subida al Paso Giau.

El Passo Gardena no me resulta duro, se hace fácil. La luz de la dinamo “marea” un poco con el movimiento del manillar, un vaivén que no ayuda a mantener la cordura, por lo que la sustituyo por la frontal. No lo había probado nunca, pero me resulta más cómodo.

De noche se rueda más despacio, se incrementan las paradas por sueño, molestias, frío, cansancio. En general son más “pesadilla” que otra cosa. Es difícil valorar cuanto se gana yendo despacio o descansando mejor y recuperarlo al día siguiente. Creo que sería interesante poder medirlo.

En el collado de Gardena, 9C, descanso otros 10min para asegurar la bajada. Bajando, el track me lleva por una variante más al oeste, donde se suponía mejor. Pero un cartel de carretera cortada me hace detenerme a mirar la alternativa. Es una carretera entre caseríos, aparece en el GPS y no parece muy mala. Salen más kms pero ya que estoy aquí, no quiero deshacer los 500m de bajada que ya he hecho. Pero hubiera sido lo mejor… La carretera vuelve a la general por la que iba y, un par de kms más adelante, un túnel en obras y completamente vallado. No se puede pasar ni bordear. No hay alternativa. Tras cagarme en todo retomo el rumbo de vuelta, y vuelvo por la carretera más directa pese a tener dudas de si también estaría cortada o no. Al final 15kms y 380m de propina. 1h perdida.

Son prácticamente a las 3 y media de la mañana y sigo dando vueltas, pasado el desvío antes de acabar de descender a Alleghe, atravesando un pinar y notar la sequedad y calor del mismo, me paro en una casa de madera destinada a las herramientas de labor. No es el mejor sitio pero está apartado de la carretera, tiene techo y parece bastante seco. No quiero llegar de día a Alleghe y encontrarme con la humedad del lago y el rocío.

Programo la alarma para 2h más tarde y sigo restándome horas de sueño. Mañana sí o sí dormiré 4.5h.”

Por Carlos Mazón.

Este es una versión reducida de la primera parte de la crónica sobre la Transcontinental. La versión completa podréis leerla aquí.

 

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Carlos Mazón participará en la Transcontinental 2016 con TwoNav

A sus 29 años recién cumplidos, Carlos Mazón ha acumulado más aventuras que muchos en toda una vida. Este recorrido tan pequeño en tiempo como grande en experiencias podría haberlo dotado de una cierta pedantería, conocedor de mundo que es, pero, sorprendentemente, su entusiasmo es el de un niño y su sencillez conmovedora. Ha sido irresistible para TwoNav el decidir apoyarlo en un 2016 cuyo calendario ya ha llenado de sueños por cumplir.

 

Quién es Carlos Mazón y en qué consiste Biziosona

Carlos Mazón es ingeniero mecánico y fotógrafo, natural de Bilbao y amante -o “militante”- de la bicicleta como medio de transporte. En su foto de presentación de Facebook lo vemos sobre su sencillísima bicicleta de carretera, por la que no habrá pagado más de 300 o 400 euros, unas clásicas zapatillas streetwear, el casco ligeramente “echado” hacia atrás sobre una visera algo retro, ropa de calle y gafas de pasta. Una carta de presentación casi del todo normal. Sería la imagen del típico ciclista urbano si no fuera por las alforjas enganchadas a su portamaletas; sería el típico ciclista urbano si se hubiera dedicado a descubrir en bici su ciudad, y no medio mundo, de esa misma guisa y con lo puesto. Su proyecto se llama “Biziosona”, un juego de palabras que funciona en Euskera porque puede traducirse como “bici muy buena” y “vida muy buena”, y no se trata más que de sus ganas de recorrer el mundo y de que su experiencia, todo lo aprendido y vivido, sirva no sólo para un enriquecimiento propio, sino para el de todos los que le rodean -en su blog termina su presentación animando a que le preguntemos sobre mecánica, viajes, bicicletas…-.

El nacimiento de una pasión

Empezó a andar en bici a la edad de 20 años y con el simple afán de moverse por su ciudad de una forma sostenible, de aportar su pequeño granito de arena en convertir su Bilbao natal en una ciudad más amable. Pero cuando un espíritu aventurero y vehemente acaricia por primera vez lo que será su verdadera pasión, ya no hay quien lo pare. Bilbao se le quedó pequeño y se lanzó a descubrir, sobre su montura de dos ruedas, los pueblos de los alrededores. Disfrutaba como un loco. Cada vez fue ampliando más sus horizontes y, naturalmente, su preparación física, que la técnica, siempre que cumpliera un mínimo, nunca estuvo entre sus prioridades. En 2011 realizó su primer viaje fuera de España: nada menos que 3300 km por Europa, pasando por Bélgica, Francia y Alemania, visitando pequeños pueblos y las principales ciudades centroeuropeas. A esta gran aventura le siguieron tantas como tiempo libre conseguía. Buscó carreras de grandes distancias que le llevaron a seguir recorriendo el continente- como la Transpirenaica o las Mil millas de Vitoria, de la que salió victorioso- y este año, incluso, a cruzar el atlántico: completó la Trans Am Bike Race, que consiste en atravesar los Estados Unidos de costa a costa -6850km-, sin asistencia, buscándose la vida y durmiendo a la intemperie. ¡Y llegó en segunda posición! Este currículum a las espaladas no es más que un principio, porque no tiene ninguna intención de parar.

Proyectos para el 2016: la Transcontinental

Tiene varias aventuras previstas, como recorrer la península haciendo la diagonal que va de Bilbao a Algeciras y volver a remontar, pero desde Almería, o la Atlantic Wild Way, 2200km por Irlanda en modo autosuficiencia. Pero su gran y más ansiado proyecto para el año a venir es la Transcontinental, cuyo recorrido reproduce la histórica conexión entre Europa y Asia Occidental a través de las carreteras con mayor altitud del mundo. El pistoletazo de salida se dará el 31 de julio en Capelmuur, Bélgica, y a partir de entonces los participantes deberán de recorrer 3850 km, con 52.000 metros de desnivel positivo acumulado,  para terminar en Troya, Turquía. A diferencia de la Transamericana, que consiste en una ruta única, la misma para todos, los participantes de la Transcontinental tendrán que buscar su propio recorrido, el que más les convenga, y sólo están obligados a pasar por los puntos de control repartidos en 4 puntos estratégicos del mismo. Tampoco contarán durante ningún tipo de asistencia durante la carrera.

Cómo se está preparando

Su preparación para la Transcontinental empieza desde ya. Hará unos tres meses de trabajo base –kilómetro y más kilómetros- e irá después añadiendo algo de trabajo de fuerza. Pese a que no parece un entrenamiento demasiado técnico por ser de resistencia pura y dura, se pueden cometer muchos errores, y, por eso, por primera vez contará con un entrenador. Antes hacía tiradas larguísimas, de hasta 300 km. Ahora tiene previsto recortar las distancias lo suficiente como para entrenar lo mismo pero gastando menos. Como él asegura “está aprendiendo”.

Carlos dice no ser demasiado rápido. Si le gusta este tipo de carreras es porque exigen mucho más que una buena preparación física: piden saber de mecánica, apañarse con la orientación, estar dispuesto a asumir la falta de sueño, comer mal… En resumen, requieren una fuerza mental y un carácter aventurero para los que de poco sirve el entrenamiento: han de venir de serie en la persona.

Qué Twonav llevará y en qué le ayudará

Haciendo honor a su carácter confiado y entrañablemente despreocupado, Calos Mazón debió de ser uno de los pocos que se atrevió a enfrentarse la Transamericana sin llevar GPS. Aunque se trataba de un recorrido único que no debía de sufrir modificaciones, se perdió unas tres o cuatro veces, siempre de noche, a causa de la escasa visibilidad.

Pero las diferencias que la Trascontinental presenta frente a la Trans Am harán que su Anima+ le será vital. Y no solo el Anima+, también el Land. Como hemos comentado anteriormente, esta carrera es totalmente libre siempre que se respeten los 4 puntos de control, así que exige un trabajo previo considerable de trazado de tracks. Además de marcarse la ruta a seguir, deberá de prever un plan B, es decir, una serie de tracks alternativos por si encontrara imprevistos en el recorrido, como cortes de carretera, obras, etc.

Una vez lanzado a la aventura, su Anima+ será su gran aliado, el compañero de fatigas que lo guiará desde Capelmuur hasta Troya.

 

Al equipo TwoNav nos enorgullece enormemente apoyar a Carlos Mazón, un personaje tan afable como valiente y aventurero, y esperamos ilusionados la llegada del mes de julio para compartir con él la gran aventura que promete ser la Transcontinental.